miércoles, 23 de diciembre de 2015

Postergadores: Cómo luchar contra tus genes y hacer las cosas ahora




Si durante semanas no haces nada y de pronto estás escribiendo un informe de 50 páginas a las 3 am, podrías formar parte del grupo de los procrastinadores. Si aún no estás muy seguro de esto o no sabes cómo mejorar, a continuación te dejamos el artículo de Laura Entis que profundiza en este tema:

Benjamin Franklin dijo: “Nunca dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Un muy buen consejo, especialmente si consideras que viene de un tipo que fue un absoluto genio de la productividad: Él se las arregló para ser autor, impresor, político, jefe de correos, científico, inventor, activista cívico, estadista y diplomático). Sin embargo, reconocer la sabiduría de la frase no impide que la mayoría de nosotros sigamos dejando las cosas para después.

¿Por qué algunos de nosotros somos más susceptibles a esto? Como la mayoría de los rasgos de personalidad, un estudio publicado en Psychological Science encontró que tiene mucho que ver con nuestros genes.

Investigadores de la Universidad de Colorado en Boulder, entrevistaron a 181 pares de gemelos idénticos y 166 pares de mellizos sobre sus hábitos de trabajo. En comparación con los mellizos, los gemelos mostraron mayores similitudes en su comportamiento en relación a su habilidad para establecer y lograr objetivos, así también como en su tendencia a actuar impulsivamente. 

Según esto, los investigadores concluyeron que la procrastinación es, al menos en parte, heredable y tiene una fuerte coincidencia con la impulsividad.

Según el autor principal del estudio, Daniel Gustavson, la impulsividad probablemente fue una ventaja evolucionaria. Para nuestros ancestros, mientras luchaban por sobrevivir en un mundo peligroso, tomar decisiones rápidas y decisivamente era más importante que planear a largo plazo. Él señaló que, o bien la procrastinación evolucionó al mismo tiempo que la impulsividad o lo hizo “como consecuencia de ella” (cuando somos impulsivos, nos distraemos y por lo tanto dejamos de lado los objetivos a largo plazo). 

Desafortunadamente, en el mundo de hoy, donde se premia la administración de objetivos y la habilidad de retrasar la satisfacción, estos dos rasgos genéticos entrelazados causan más dolor que daños.

Pero antes de que empieces a culpar a tus padres por tu preferencia de dejar todo para el último momento, recuerda: La mayoría de nuestros rasgos de personalidad son, al menos en parte, heredables. 

Gustavson indicó que “cuando las personas ven grandes influencias genéticas en un rasgo, piensan que no pueden hacer nada para cambiarlo, pero eso no es cierto”.

Tim Pychyl, profesor de psicología en la Universidad de Carleton en Ontario, Canada y autor de “Resolviendo el acertijo de la procrastinación” estuvo de acuerdo. Para él, nuestro sistema límbico (la parte antigua de nuestro cerebro que quiere sentirse bien ahora) pelea constantemente contra el córtex prefrontal (una sección desarrollada más adelante en nuestra evolución, responsable por las funciones ejecutivas y el control de los impulsos). Inevitablemente, el sistema límbico a veces gana. “Está en la naturaleza humana procrastinar. Debes saber que a veces cometerás errores pero que puedes cambiar si realmente lo deseas“, comentó.

Para todos los que estamos luchando contra genes que gritan “retrasa, retrasa, retrasa”, Pychyl compartió algunas estrategias para ayudar al córtex prefrontal salir victorioso:

1. Comprende la verdadera definición de procrastinación

Hay tipos de retraso que son beneficiosos. Muchas veces tendrás que poner en espera un proyecto porque ha surgido algo más importante. Pero eso no es procrastinación, sino que es tomar una decisión informada.

Pychyl explicó que la procrastinación nunca es positiva y quien piense lo contrario, realmente no sabe de qué está hablando. Algunos de nosotros puede que desarrollemos una relación retorcida y protectora con nuestra tendencia a postergar, pero a pesar de que hay muchas razones para hacerlo “ninguna es positiva, ya que no hay virtud en ella”, advirtió Pychyl.

2. No más excusas

La procrastinación es un retraso voluntario de un acto beneficioso previsto y, por lo tanto, causa una disonancia incómoda que intentamos borrar con una serie de excusas ¿La más común? “Trabajo mejor bajo presión”.

Según Pychyl, “¡Esto es una tontería! Todos cometen errores de esa manera, ha sido comprobado una y otra vez. Lo que realmente estás diciendo es ‘lo único que puede motivarme a trabajar es una increíble cantidad de presión a contrarreloj’. Hay algo triste en eso”.

Si bien puede causar que los individuos se concentren muchísimo más, es simplemente porque sus espaldas están contra la pared. La misma cantidad de atención al detalle, que Pychyl llama ritmo, es posible incluso si no estás presionado por el reloj. Aprender a alcanzar ese ritmo voluntariamente requiere tiempo y esfuerzo, pero es el secreto de la productividad. Según él, los procrastinadores deben darse cuenta que es posible concentrarse sin la motivación inducida por el pánico de un plazo de entrega. Sólo toma práctica.

3. Minimiza las distracciones y determina fecha límites estrictas

Si todas las distracciones están a un botón de distancia, estarás más propenso a mirar Facebook, revisar tu correo electrónico y súbitamente han pasado tres horas. Sin duda, esto disminuye la productividad de todos, pero para el procrastinador crónico son realmente consumidoras de tiempo. Es mejor eliminar todas las que puedas, ya sea bloqueando Facebook, borrando juegos de tu iPad o lo que sea que debas hacer.

Aparte de esto, establece un horario estricto. Phychyl indicó que “la autonomía es buena para las personas que no son postergan siempre, pero los procrastinadores necesitan fechas límites cortas y concretas“. Para los administradores lidiando con empleados así, 

Phychyl recomendó pedirles que articulen sus objetivos en términos concretos. Detalles específicos y no cosas vagas como “estoy trabajando en el proyecto X”, esto los ayuda a dar cuenta de sus actos.

4. No dejes que tu niño de seis años interior dicte tus acciones

“No sé cuándo aprendemos esto, pero de alguna forma internalizamos la noción de que nuestro estado de motivación debe igualar la tarea a mano. A veces no tenemos ganas de hacer algo ¡Y pensamos que eso es un buen motivo!”, comentó Pychyl.

Él llama a esto la lógica de un niño de seis años. En realidad, para muchas tareas importantes, si no para todas, empezar no tiene nada que ver con nuestras emociones.

Muchas veces descartamos la noción de empezar hoy con la perpetua esperanza de “mañana voy a tener ganas”. Casi nunca lo hacemos, así que la tarea vuele a ser retrasada ¿Por qué no nos cansamos de mantener la ilusión de que una tarea repelente será menos desagradable en sólo 24 horas?

Tendemos a predecir nuestras emociones futuras según nuestros sentimientos presentes, explicó Pychyl. Por ejemplo, piensa en comprar comestibles con un estómago vacío versus después de una gran comida, probablemente tu carrito estará más lleno, aunque racionalmente sabes que la próxima semana requiere la misma cantidad de alimentos.

¿Cuál es el mito más grande que los procrastinadores deben superar para romper el ciclo del retraso? “Lo haré mañana. Una vez te das cuenta que esta es una estrategia para evadir el enfrentamiento, vas por buen camino”, dijo Pychyl.

Tomado de: http://www.accionpreferente.com

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José G. Quintero E.
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