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martes, 11 de noviembre de 2014

Que es Marketing en 5 términos.




Cada vez que en mis talleres pido a los participantes que me definan el marketing a través de sinónimos o frases cortas, las ideas más repetidas suelen ser: “publicidad”, “imagen”, “venta” o cualquier expresión parecida a “vender la moto”.

No les falta razón, aunque también me gustaría aportar otro punto de vista. Soy el primero que se queja de que el marketing que se practica hoy es mayoritariamente tramposo y manipulador, además de reduccionista. Todo parece limitarse a las funciones de publicidad y ventas, y poco se hace por mejorar la oferta, el producto, el contenido propiamente dicho, que es también una tarea del marketing.

Siempre digo que hay un marketing noble, ético, de mucha utilidad y que viene bien aprender. A mí me ha servido sobre todo para mejorar mis capacidades de escucha y de observación, traducir ese conocimiento en unos contenidos que ofrezcan valor genuino y, además, comunicar esas ventajas de un modo acertado. Todo eso se puede conseguir aplicando buenos conceptos de marketing y sin caer en embustes, ni trampas.

Suelo resumir el marketing bien hecho en cinco palabras: Empatía, Identidad, Foco, Coherencia y Simplicidad. Explico cada una por separado:

EMPATÍA: Tengo claro que una persona que se dedica al marketing tiene que ser sobre todo muy empática, o sea, comprender y saber ponerse en el lugar del cliente, usuario o ciudadano, para percibir sus necesidades, incluso aunque no sea lo que le gustaría oír. 

Para ello están las conversaciones, y lo primero de todo, saber escuchar… y observar con atención. Me parecen muy útiles algunas técnicas y herramientas que ofrece el Marketing, que combinadas con el Design Thinking (su corrector natural), aportan un Insight de gran valor en el análisis de expectativas.

IDENTIDAD: El Marketing es diferenciación, o sea, encontrar una propuesta de valor que sea distintiva, singular respecto de lo que ya existe. Eso es bueno porque ayuda a la innovación y a no solaparse, a buscar colectivos y problemas desatendidos. Pero ese espacio diferencial no puede ser forzado, ni fingido, sino auténtico; así que el reto del buen marketing consiste en canalizar el desarrollo de una identidad fuerte, de cuño propio, y no clónica o mimética. Esa identidad debe cultivarse desde una comprensión profunda de nuestras fortalezas genuinas, y no de modas o tendencias impuestas.

FOCO: No se puede ser bueno en todo, ni pretender contentar a todo el mundo porque entonces no se satisface a nadie. Ahí entra el reto de la “segmentación”, o sea, la necesidad de descubrir o elegir en qué colectivos hay que centrar los mayores esfuerzos porque uno supone que serán más sensibles a nuestra propuesta de valor. Y una vez definidos el QUÉ, el A QUIÉN y el POR QUÉ, la consigna del buen marketing es no dispersarse, y focalizar todos los esfuerzos en esa dirección para poder generar un efecto acumulativo.

COHERENCIA: Hay que generar mensajes que se correspondan con las acciones, para que los clientes/usuarios/ciudadanos sepan lo que pueden esperar de nuestra oferta, y crean en lo que se les promete. Ese alineamiento entre “hacer” y “decir” es mágico y tiene un impacto impresionante en la generación de confianza. También es esencial que los mensajes sean consistentes entre sí, que no se contradigan, que encajen (incluso se repitan) dentro de un relato robusto.

SIMPLICIDAD: Esta es de las premisas que más me gustan del marketing: Aprende a transmitir tus fortalezas genuinas a través de mensajes sencillos, claros y breves. Siempre digo que centrarse en un solo atributo de valor es mejor que en dos, y en dos mejor que en tres. ¡¡Nunca más de tres ventajas!! Nos cuesta recordar las propuestas que intentan brillar por muchas virtudes. A más ventajas, más dispersión en el mensaje. A más atributos de valor a destacar, menos eficaz (y eficiente) es la narrativa. Así que el Marketing bien hecho, al contrario de lo que se suele pensar, necesita concreción y economía de gestos.

Tenemos que volver a las esencias del marketing bien hecho y dejar atrás ese período tan negro en el que el “contenido” ha sido el gran olvidado y nos hemos instalado en la “obsesión-por-la-comunicación”.

A pesar de lo podrido que está todo en este sistema tan mercanchifle, esas  cinco palabras (empatía, identidad, foco, coherencia y simplicidad) todavía me sirven para mejorar lo que puedo, y me dejan. Conforman mi check-list para revisar de forma rápida si una organización-cliente está haciendo bien las cosas; y me consta que bien usadas contribuyen a practicar un marketing ético y responsable.

Tomado de: www.amaliorey.com

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José G. Quintero E.
Twitter: @TGerencial
Email: tertuliagerencial@gmail.com
www.tertuliagerencial.blogspot.com

sábado, 29 de marzo de 2014

Aprende a reclamar y mejora tus relaciones públicas.


Las relaciones interpersonales siempre tendrán altibajos, pero, ¿cómo confrontas los conflictos antes de caer en el resentimiento? ¡Deja de guardar silencio!

Las relaciones interpersonales, tanto en el entorno laboral como en el personal, se sostienen en una base de confianza compromiso. La creación, fortaleza, debilidad y pérdida de un vínculo, dependerá de nuestra habilidad para respetar los acuerdos que nos unen con los demás y de nuestra capacidad para sobrellevar de manera efectiva los conflictos y/o diferencias.

En mi experiencia como coach, he visto surgir muchos conflictos a partir de que se rompen algunas promesas; se generan expectativas distintas entre ambas partes y no se emiten los reclamos necesarios para solucionarlos.

Aunque parece fácil, hacer un reclamo puede llegar a ser muy complicado.

Es por eso que muchas personas optan por guardar silencio – lo que genera un estado de resentimiento o resignación – o bien, por quejarse y recriminar constantemente. Cuando recriminamos, culpamos al otro, lo acusamos y juzgamos, pero no estamos resolviendo nada. Lo único que logramos es generar desconfianza y que la otra persona actúe a la defensiva.

Ya sea que decidamos callar o recriminar,  es posible que nos estemos contando diversas historias para justificarnos o para evadir la conversación del reclamo. Por ejemplo:

•    “Muestro que soy débil y vulnerable”
•    “Me van a rechazar”
•    “Voy a molestar”
•    “¿Quién soy yo para pedirle esto a...?”
•    “Me van a decir que no”
•    “Seguramente no soy importante para la otra persona"
•    “Soy víctima de una injusticia”

Ahora reflexiona y encuentra tus propias respuestas: Cuando alguien no cumple con un acuerdo o no lleva a cabo lo que le pediste... ¿Qué pensamientos vienen a tu mente? ¿Qué te impide hablar y ser claro para expresarle tu inconformidad? ¿Qué tantas expectativas tienes en los demás? ¿Cómo se ve impactada la relación? ¿Qué posibilidades se cierran a partir de tus quejas y resentimientos?

Cuándo reclamamos nos hacemos cargo del conflicto, estamos abiertos a escuchar las razones del otro y a generar nuevos acuerdos que nos regresen a un estado sano y transparente en la relación. El reclamo sirve para cerrar conversaciones pendientes y abrir nuevas posibilidades para que las cosas sean mejores en un futuro y brinda la oportunidad de reparar los daños. Nada bueno surge cuando estamos resentidos, resignados o quejándonos.

Rafael Echeverria, autor del libro Ontología del Lenguaje, propone una estructura interesante para hacer un reclamo.

A continuación un ejercicio que puede ayudarte a diseñar el tuyo y descubrir cómo cambian tus relaciones:

1.    Tengo que hacerte un reclamo
2.    Tú me prometiste o habíamos acordado___________________
3.    No cumpliste con lo prometido
4.    Me vi afectado de la siguiente manera: ____________________
5.    Eres responsable de dichos perjuicios
6.    Como forma de asumir tu responsabilidad, te pido que_________
7.    Nuestro aprendizaje para futuras ocasiones es_______________

Haz tus peticiones con la mayor claridad posible, no asumiendo que la otra persona está conforme con lo que expresas. Verifica que ambos entienden lo mismo. Cuida también que el reclamo se lleve a cabo con la persona indicada, en un buen momento (cuando los ánimos de ambas partes lo permitan) y de forma respetuosa.

Es posible que durante la conversación, te des cuenta de que la otra persona tenía otra idea y/o expectativas sobre el acuerdo  y en dado caso se trataría de un malentendido, por lo tanto el reclamo pierde validez.

Otra posibilidad es que la persona acepte que no cumplió con el acuerdo pero no esté dispuesto a llevar a cabo lo que le pides y comprometerse de nuevo contigo. En cualquiera de los casos, lo importante es que tú te hiciste cargo de la situación y a partir de ahí puedes tomar mejores decisiones.

Ante una diferencia o conflicto, es necesario estar consciente de que tanto los demás como nosotros podemos fallar, decepcionar e incumplir y que no necesariamente lo hacemos con la intención de dañar a la otra persona.

Sin darnos cuenta, en ocasiones actuamos desde nuestras precariedades e incompetencias. En nuestras manos esta tomar acción al respecto, enfrentarlo de una manera sana y constructiva para evitar caer en resentimientos o quejas improductivas; salvar nuestras relaciones y si aun así no es posible mantener la relación, aprender a perdonar y dejar ir.

¿Aclaras tus inconformidades para llevar una vida con claridad? ¿Cuál es tu técnica para resolver y no hacer más grandes los conflictos?

Tomado de: http://www.altonivel.com.mx/41351-aprende-a-reclamar-y-mejora-tus-relaciones-publicas.html

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